miércoles, 27 de julio de 2011

La moral de Gertrudis, la madre de Hamlet

  
 La historia de Hamlet presenta una especie de envenenamiento moral. Podemos intuir que el protagonista había sido feliz hasta un momento impactante de su vida, pues ocupaba su tiempo en sus dedicados estudios, en los ejercicios de cuerpo y espíritu, en el culto a las artes y, desde luego, en el amor a una joven pura y a un padre noble. Sin embargo, sobre este ser sensible por su naturaleza y educación,  sobreviene de golpe la desgracia abrumadora con la muerte de un ser amado, su padre, y el posterior, pero repentino accionar nada moral de su madre que terminará por tensionar toda su maquina nerviosa: 
         “¡Al cabo de un mes! Antes que la sal de sus lágrimas inicuas
          hubiese dejado el enrojecimiento de sus ojos irritados, se casó.
          ¡Ah, prisa maldita, apresurarse con tal agilidad a sábanas incestuosas! [1]
   La madre de Hamlet es Gertrudis quien representa a una mujer sensual que ama, conoce y actúa a través de los sentidos como un animal dominado por las pasiones y los instintos. Por eso, es inconstante en sus afectos. Vive para la felicidad y piensa que la felicidad es su derecho, ignorando que hay deberes pertinentes para conseguirla. De ahí que no suponga ni sospeche que el querer ser feliz puede llegar a ser un mal para su hijo. Esto lo podemos apreciar cuando Hamlet le reprocha su accionar con palabras llenas de resentimiento y mordacidad: “Madre, has ofendido mucho a mi padre… eres la Reina, la mujer del hermano de tu marido” y ella le responde con total ingenuidad y ausencia de culpa: “¿Qué he hecho para que te atrevas a soltar la lengua con clamor tan violento contra mí?”. Incluso justifica el asesinato del Rey con estas palabras: “Todo cuanto vive debe morir”.
   No se piense que Gertrudis no amaba como madre a Hamlet. Sí lo hacía, mas con un instintivo amor biológico que provocará lo suficiente para acelerar la destrucción de su hijo. Veamos, por ejemplo, que en la lucha que éste sostiene con Laertes, ella lo apoya: “Ven, Hamlet, toma mi pañuelo, sécate la frente” y brinda desconociendo el efecto mortal de la bebida para luego expresar entre sus últimas palabras un “mi querido Hamlet”, que no necesariamente es una expresión afligida, sino más bien de amarga queja de su egoísmo en vías de arrepentimiento por todo el daño que su actitud causó en él.
   ¿Y qué causó en él? Pues “morir” prontamente mediante un veneno más moral que mortal que lo conllevó a la desestabilidad emocional. Así lo podemos encontrar ya sin un claro sentido o gusto por la vida: “¡Qué enojosas, qué gastadas, qué insípidas me parecen todas las cosas de este mundo!” y con los nervios crispados: “Ahora yo podría beber sangre caliente y hacer tan crueles cosas que el día se estremecería de verlas. ¡Calma! ”.  Por eso, no necesita buscar las ideas raras, las incoherencias aparentes, las exageraciones y los sarcasmos. Los encuentra fácilmente; no tiene por qué violentarse,  no tiene más que dejarse llevar por sí mismo.
  Entonces Shakespeare presenta a Gertrudis como la dueña de una sensibilidad poderosa que triunfa en su pasión, pero que sucumbe ante su propio egoísmo. Además no la presenta sola, pues “de toda culpa de mujer es responsable un hombre, por injusto, por inepto o por liviano. De las culpas de mujeres como Gertrudis es siempre autor un Claudio, por egoísta, por concupiscente o por malvado” [2].  Así ella hará un enorme mal a su hijo sin saberlo, sin quererlo ni sentirlo, un mal que no dudaría en llorar si tuviera conciencia moral de él, un  mal que acelerará la condena de su hijo a la locura y la desgracia.
César Vilca Panti
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[1] Hamlet (Acto I, escena II)
[2] Pedro Henríquez Ureña: “Hamlet en sus tres versiones”. Pág. 233
BIBLIOGRAFÍA SUGERIDA
Henríquez Ureña, Pedro: “Hamlet en sus tres versiones”. Tr. Guillermo Mac Pherson y Patricio  Canto. Buenos Aires, Editorial Losada. 3era. Ed., 1968.
Shakespeare, William: “Hamlet”. Tr, José María Velarde. Barcelona, Editorial Planeta, 2000.
Valencia, Luis Emiro: “Hamlet, símbolo de nuestro tiempo”. Bogotá, Fondo de Publicaciones
            “José María Rojas”, 1953.
Traversi, Derek: “Shakespeare”. Tr. Concepción Vásquez de Castro. Barcelona, Editorial
             Labor, 1951.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

XEVERE PROFE, ME GUSTA ESTE VIDEO. COMO SIEMPRE UD. SE PASA=)

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