viernes, 12 de abril de 2019

La moral de Gertrudis, la madre de Hamlet

  
 La historia de Hamlet presenta una especie de envenenamiento moral. Podemos intuir que el protagonista había sido feliz hasta un momento impactante de su vida, pues ocupaba su tiempo en sus dedicados estudios, en los ejercicios de cuerpo y espíritu, en el culto a las artes y, desde luego, en el amor a una joven pura y a un padre noble. Sin embargo, sobre este ser sensible por su naturaleza y educación,  sobreviene de golpe la desgracia abrumadora con la muerte de un ser amado, su padre, y el posterior, pero repentino accionar nada moral de su madre que terminará por tensionar toda su maquina nerviosa: 
         “¡Al cabo de un mes! Antes que la sal de sus lágrimas inicuas
          hubiese dejado el enrojecimiento de sus ojos irritados, se casó.
          ¡Ah, prisa maldita, apresurarse con tal agilidad a sábanas incestuosas! [1]
   La madre de Hamlet es Gertrudis quien representa a una mujer sensual que ama, conoce y actúa a través de los sentidos como un animal dominado por las pasiones y los instintos. Por eso, es inconstante en sus afectos. Vive para la felicidad y piensa que la felicidad es su derecho, ignorando que hay deberes pertinentes para conseguirla. De ahí que no suponga ni sospeche que el querer ser feliz puede llegar a ser un mal para su hijo. Esto lo podemos apreciar cuando Hamlet le reprocha su accionar con palabras llenas de resentimiento y mordacidad: “Madre, has ofendido mucho a mi padre… eres la Reina, la mujer del hermano de tu marido” y ella le responde con total ingenuidad y ausencia de culpa: “¿Qué he hecho para que te atrevas a soltar la lengua con clamor tan violento contra mí?”. Incluso justifica el asesinato del Rey con estas palabras: “Todo cuanto vive debe morir”.
   No se piense que Gertrudis no amaba como madre a Hamlet. Sí lo hacía, mas con un instintivo amor biológico que provocará lo suficiente para acelerar la destrucción de su hijo. Veamos, por ejemplo, que en la lucha que éste sostiene con Laertes, ella lo apoya: “Ven, Hamlet, toma mi pañuelo, sécate la frente” y brinda desconociendo el efecto mortal de la bebida para luego expresar entre sus últimas palabras un “mi querido Hamlet”, que no necesariamente es una expresión afligida, sino más bien de amarga queja de su egoísmo en vías de arrepentimiento por todo el daño que su actitud causó en él.
   ¿Y qué causó en él? Pues “morir” prontamente mediante un veneno más moral que mortal que lo conllevó a la desestabilidad emocional. Así lo podemos encontrar ya sin un claro sentido o gusto por la vida: “¡Qué enojosas, qué gastadas, qué insípidas me parecen todas las cosas de este mundo!” y con los nervios crispados: “Ahora yo podría beber sangre caliente y hacer tan crueles cosas que el día se estremecería de verlas. ¡Calma! ”.  Por eso, no necesita buscar las ideas raras, las incoherencias aparentes, las exageraciones y los sarcasmos. Los encuentra fácilmente; no tiene por qué violentarse,  no tiene más que dejarse llevar por sí mismo.
  Entonces Shakespeare presenta a Gertrudis como la dueña de una sensibilidad poderosa que triunfa en su pasión, pero que sucumbe ante su propio egoísmo. Además no la presenta sola, pues “de toda culpa de mujer es responsable un hombre, por injusto, por inepto o por liviano. De las culpas de mujeres como Gertrudis es siempre autor un Claudio, por egoísta, por concupiscente o por malvado” [2].  Así ella hará un enorme mal a su hijo sin saberlo, sin quererlo ni sentirlo, un mal que no dudaría en llorar si tuviera conciencia moral de él, un  mal que acelerará la condena de su hijo a la locura y la desgracia.
Hipólito César Vilca Panti
________________

[1] Hamlet (Acto I, escena II)
[2] Pedro Henríquez Ureña: “Hamlet en sus tres versiones”. Pág. 233
BIBLIOGRAFÍA SUGERIDA
Henríquez Ureña, Pedro: “Hamlet en sus tres versiones”. Tr. Guillermo Mac Pherson y Patricio  Canto. Buenos Aires, Editorial Losada. 3era. Ed., 1968.
Shakespeare, William: “Hamlet”. Tr, José María Velarde. Barcelona, Editorial Planeta, 2000.
Valencia, Luis Emiro: “Hamlet, símbolo de nuestro tiempo”. Bogotá, Fondo de Publicaciones
            “José María Rojas”, 1953.
Traversi, Derek: “Shakespeare”. Tr. Concepción Vásquez de Castro. Barcelona, Editorial
             Labor, 1951.

domingo, 17 de febrero de 2019

 

Ensayo

Desafíos del director líder en la educación peruana del siglo XXI

Hipólito César Vilca Panti

Rocío María Lázaro Landeo

Resumen

En este ensayo, se van a presentar tres desafíos que enfrenta el director líder en el contexto de la educación peruana del siglo XXI. El primero se vincula con la formación y ética profesional con la que debe contar. El segundo se relaciona con la amplia diversidad cultural que existe en el país. El tercero es la calidad educativa a la que debe conducir a los estudiantes de su institución educativa. Además de explicar cada uno de ellos, se proponen determinadas acciones que podrían considerarse en su liderazgo.

Palabras clave: director, líder, desafíos, ética profesional, diversidad cultural, calidad educativa

 

Introducción

Cada cierto tiempo, de acuerdo con las normas educativas peruanas, se anuncian concursos públicos para ocupar el cargo de director de alguna institución escolar. Según el artículo 18 de la ley 29062 de Carrera Pública Magisterial (2018), él es la máxima autoridad y el representante legal de la institución educativa. Se constituye como el responsable de los procesos de gestión educativa, pedagógica y administrativa. Además, tiene la función de promover las mejores condiciones materiales y de clima institucional para el adecuado desempeño profesional de los docentes y para que los estudiantes logren aprendizajes significativos. Por lo mencionado, el director debe ser una persona que pueda realizar mejoras en el colegio donde se encuentre, pero, más que ello, debe ser una persona que pueda impulsar cambios, aunque las circunstancias sean adversas. De acuerdo con lo anterior, cada individuo que se proponga a asumir dicho cargo, o ya lo tenga, no tiene que considerar que es meramente una función administrativa y que, por consiguiente, adquiriría beneficios económicos o mayor estabilidad, sino que va a asumir una responsabilidad que repercutirá en la comunidad educativa, como el líder que está llamado a ser, debido a que su trabajo se tiene que orientar a lograr una nueva cultura, a la innovación o a la adaptación al cambio. Es así como su labor no es fácil y se encuentra expuesta a enfrentar ciertos desafíos que tiene la educación peruana del siglo XXI, los cuales se relacionan con su formación y práctica de ética profesional, con la diversidad cultural y con los estándares de calidad educativa. Ante la importancia de este tema, en este ensayo, a continuación, se ha creído conveniente explicarlos, de tal manera que se puedan establecer acciones desde su liderazgo para realizar un cambio educativo.

La formación y práctica de ética profesional

Uno de los mayores desafíos que tiene el director líder se relaciona con su formación, ya sea en el plano pedagógico o de gestión, y con la práctica de su ética profesional. Por un lado, no es suficiente ser un buen profesor de aula para asumir esta función, sino que debe estar preparado para cumplir funciones de conducción de un grupo, poseer ciertas formas de comportamiento, habilidades básicas para el manejo de técnicas de gestión pedagógica e institucional, así como poseer una calificación óptima para el cargo. Según el Minedu (2012), ha de evidenciar sus dominios, competencias y desempeños. Entre ellos, se puede mencionar la gestión de las condiciones para la mejora de aprendizajes y la orientación de los procesos pedagógicos, la conducción de manera participativa de la planificación institucional, la promoción de la participación democrática, y el fomento de la evaluación de la gestión de la institución educativa y el rendimiento de cuentas. Por otro lado, de acuerdo con Restrepo y Restrepo (2012), el director líder es quien debe traducir los ideales formativos de la institución en estándares éticos, de tal modo que haya una sana convivencia entre todos los miembros de la comunidad educativa. Para ello, debe haber coherencia entre sus principios éticos y sus acciones. Por ejemplo, no es posible que quien ocupe este cargo se deje llevar por sus intereses económicos personales al apropiarse del dinero destinado para la mejora de la infraestructura de un colegio y deba mentir con que no se le proporcionó lo suficiente. Por lo tanto, es necesario que el director líder sea un ejemplo de vida y se convierta en inspiración para los demás, no solamente para los docentes, sino también para los alumnos y los padres de familia. Además, es importante que todas las decisiones que tome se basen en documentos visibles y manejables por todos como reglamentos o normas de convivencia, de tal forma que siempre haya transparencia y pueda haber desarrollo, crecimiento y consolidación en las personas que se encuentran bajo su liderazgo.

La diversidad cultural

Otro de los desafíos que tiene el director líder se vincula con la diversidad cultural. En un contexto como el peruano, es importante saber que no hay un solo modelo de realización humana y se debe entender que ninguna persona es mejor que otra por su cultura.  Según un principio de la teoría del desarrollo humano, el fin último de la vida es la libertad, por lo que, más que “tener”, importa el “ser”. Para autores como Sen (2010), esto significa realizar todas las potencialidades del ser humano en el sentido de acceso a oportunidades, capacidad de asociarse con los demás y el ejercicio de la ciudadanía. En ese sentido, el director líder es el llamado a ser la cabeza para generar las condiciones necesarias y ampliar las oportunidades de todas las personas de la comunidad educativa para que puedan realizarse como seres humanos y ejerzan plenamente sus derechos. Entonces, su práctica debe estar orientada a realizar determinadas acciones y gestiones. Según Vergara y Alegría (2010), estas son las siguientes: primero, promover la formación de redes de colaboración entre la institución educativa y los centros de formación magisterial; segundo, guiar el diseño del conjunto de programas de formación inicial y constante de los docentes en relación con la inclusión y la atención a la diversidad; tercero, formar equipos de apoyo interinstitucional; cuarto, crear espacios de atención y apoyo a los padres de familia y profesores; quinto, apoyar en el diseño, ejecución y evaluación de programas de investigación educativa relacionados con el tema. De ese modo, este proceso, en función de la diversidad, considerará la generación de un plan de acción desde las sesiones y los encuentros de sensibilización de docentes, alumnos y padres de familia. Además, por su accionar, se deberán realizar talleres de formación sobre atención a la diversidad, la creación de materiales de apoyo a la inclusión y el diseño de adaptaciones curriculares individualizadas, toma de decisiones curriculares comunitarias. Incluso, será el promotor de que el centro educativo se adapte a las necesidades de todo el alumnado, y se logre un trabajo conjunto de los equipos de apoyo con los docentes y la integración de estudiantes diversos.

Los estándares de calidad educativa

Un desafío más al que se enfrenta el director líder es el buscar que su institución consiga estar dentro de los estándares de calidad educativa. En la prueba PISA del año 2015, según OECD (2016), Perú ocupó el puesto 63 de los 70 países participantes en la comprensión lectora. Aunque consiguió un avance significativo en el rubro al registrar una mejora de 14 puntos en relación con los 384 obtenidos en el 2012, existe un 46.7 % de estudiantes peruanos ubicados entre quienes presentan los peores resultados y solo un 0.6 % se muestra en los más altos niveles de tal evaluación. Esta posición revela la educación precaria en el país, no solamente con respecto de otros países participantes, sino por el hecho de que no serían capaces de alcanzar, mediante la lectura, un desarrollo personal y una participación activa en la sociedad a futuro. Ante situaciones como esta, relacionadas con alcanzar estándares de calidad, según Freire y Miranda (2014), el director líder debe interactuar de forma directa con los estudiantes mediante el monitoreo y la sanción de la conducta si fuese inapropiada, así como de las acciones que tiendan a controlar la disciplina de aquellos que presentan problemas o faltan frecuentemente al colegio. Esto tiene que ocurrir así, debido a que su función consiste en dirigir y supervisar el desarrollo, la evaluación y la mejora de la educación de todos los alumnos. Por otro lado, de manera indirecta, el liderazgo del director incide en el rendimiento de los estudiantes en tanto contribuya a desarrollar entornos de aprendizaje para los profesores, logre estimular una comunicación fluida con ellos, los supervise constantemente, comparta la toma de decisiones, y los motive y aliente sus capacidades. De este modo, definitivamente, habría un mayor desempeño de los profesores en el aula, lo cual implicaría mejoras en el rendimiento de los estudiantes y, por consiguiente, que se pueda alcanzar los estándares de calidad. Al respecto, Salmi (2009) añade que es muy importante que el director líder considere tres factores que se interrelacionan. El primero es que pueda concentrar talento docente en su institución, cuyo nivel de formación continúe enriqueciéndose con conocimientos específicos y métodos educativos, y que haya un vínculo con docentes de toda la comunidad académica, lo cual garantizará el acceso de los estudiantes a una educación de calidad. El segundo es el gestionar abundantes recursos para que haya un ambiente pertinente de aprendizaje, los cuales incluyan tecnologías de información y comunicación, y el uso del inglés, además de las nativas. De esa manera, los estudiantes podrán desarrollarse en ámbitos locales e internacionales. El tercero es que propicie condiciones que fomenten la visión estratégica, la innovación y la flexibilidad, lo que permitirá que en la institución se tomen decisiones conjuntas y pertinentes, y que se administren los recursos adecuadamente en favor de los estudiantes.

Conclusión

En síntesis, el director líder se enfrenta a ciertos desafíos en el contexto de la educación peruana del siglo XXI. En primer lugar, estos se relacionan con la formación pedagógica o de gestión y la práctica de la ética profesional que pueda tener, debido a que no cualquier persona, por más que haya sido un buen docente, debe cumplir esta función. En segundo lugar, existe una amplia diversidad cultural en el alumnado con la que pueda relacionarse en su institución educativa, puesto que, en un contexto como el peruano, no hay un solo modelo de realización humana al haber una variedad significativa de culturas. En tercer lugar, los estándares de calidad a los que debe tener como objetivo en la institución educativa donde es director son altos, por lo que es necesario que su liderazgo sea ejercido con la consideración de los docentes con los que cuenta, los recursos que se van a emplear y los alumnos a lo que se pretende educar.

Al respecto, si bien es cierto que la labor del director líder no es fácil por los desafíos que tiene que enfrentar, es necesaria su presencia y que asuma su compromiso con responsabilidad. Por otro lado, es cierto que no el único actor educativo que debe velar por los alumnos, como es el caso de los docentes quienes también deberían asumir su liderazgo desde la función que desempeñan. Sin embargo, como cabeza de la institución educativa es el llamado a impulsar el cambio educativo, pese a las circunstancias evidenciadas del contexto peruano actual.

Referencias

Freire, S. y Miranda A. (2014). El rol del director en la escuela: el liderazgo pedagógico y su incidencia sobre el rendimiento académico. En Avances de Investigación 17. GRADE. Lima.

Ministerio de Educación (2013). Marco del buen desempeño del directivo. MINEDU. Lima. Recuperado de  https://goo.gl/Gx39UL.

Ministerio de Educación (2018). Normas de Carrera Pública Magisterial. MINEDU. Lima. Recuperado de https://goo.gl/9bKB6Y.

OECD (2016). Singapur encabeza la última encuesta PISA sobre educación que realiza la OECD a escala internacional. PISA: Publicación OECD. Recuperado de https://goo.gl/x73Yzu.

Restrepo, J. y Restrepo, M. (2012). Cinco desafíos en el ejercicio del liderazgo en los rectores de colegios. Educ. Educ. Vol. 15, N.°1, 117-129. Recuperado de https://goo.gl/KbHu91.

Salmi, J. (2009). El desafío de crear universidades de rango mundial. Banco Mundial en coedición con Mayol Ediciones S.A. Washington.

Sen, A. (2000). Desarrollo y Libertad. Ed. Planeta. Buenos Aires.

Vergara, M. y Alegría, J. (2010). Diversidad cultural: un reto para las instituciones educativas. Ed. De la Noche. Guadalajara.


sábado, 17 de febrero de 2018

 

Ensayo

El perfil del docente inclusivo intercultural

Hipólito César Vilca Panti

En la educación actual, es importante que se construyan situaciones de enseñanza-aprendizaje con la consideración de la diversidad que existe en el país. Estas deben permitir una buena práctica docente con los diferentes contextos sociales, raciales y culturales basadas en la equiparación de oportunidades y la igualdad de derechos. Es en ese sentido que el perfil del maestro debe contemplar determinados rasgos que le permitan resultados satisfactorios en función de los alumnos. 

En el aspecto profesional y académico, el docente debe contar con una formación calificada para desempeñarse en distinto ámbitos y a sabiendas de la diversidad que podría contactar en su práctica. Definitivamente, la universidad debe contribuir con ello; sin embargo, por sí mismo, debe haber una capacitación constante en todo lo que compete a educación inclusiva. Ello también involucra que deba ser un investigador permanente para identificar problemas y proponer alternativas de solución con respecto a los hechos que puedan presentarse en el aula y fuera de ella. Por otro lado, debe ser una persona que maneje estrategias, métodos, técnicas y tecnología que le permitan resultados satisfactorios con los distintos tipos de estudiantes que pueda tener. A todos ellos debe saber conducir para que se integren, se respeten con sus semejanzas y diferencias, con sus tradiciones, y participen activamente en las sesiones sin que se sientan apartados de los demás. Por ello, es importante que sea muy variado e innovador en su propuesta docente, la cual incluye la presentación de la información en forma escrita, oral, visual, gestual, gráfica contextualizadas para que todos los alumnos puedan entenderlo, y comunicarse con él y entre ellos. Asimismo, acorde con lo anterior, debe tener un manejo adecuado de, por lo menos, una lengua nativa del Perú, además del español.

          En el aspecto ético y valorativo, el docente debe ser una persona coherente con lo que predica. En otras palabras, es una persona que no discrimina o excluye en su vida personal. Por lo contrario, entiende muy bien que todo ser humano tiene características que los diferencian y orígenes distintos, los cuales sabe tolerar, sino se ajustan a sus creencias. Es por ello que tiene mente abierta para aceptar la diversidad y respetarla sin que esta sea objeto de burla o marginación. Además, tiene una actitud positiva hacia la inclusión, porque conoce muy bien que debe haber igualdad de oportunidades. Por lo mismo, en el aula, se comporta de manera equitativa con los alumnos de acuerdo con sus capacidades y posibilidades, y tiene capacidad de escucha, de tal forma que ellos pueden confiar en él. 

Definitivamente, no hay un único perfil del docente inclusivo intercultural, dado que este variará según el contexto donde se desempeñará el maestro. Sin embargo, existen rasgos básicos y comunes de dicho perfil como los presentados en este texto, los cuales podrían ser considerados para que haya éxito en el objetivo de lograr que toda la diversidad del país tenga la misma oportunidad de educación.

  

Referencias bibliográficas

El Tiempo (2010). León Trahtemberg: El perfil del buen docente: no creo que tal cosa exista. Piura, Perú: El tiempo. Recuperado de http://www.trahtemberg.com/entrevistas/1601-el-perfil-del-buen-docente-no-creo-que-tal-cosa-exista.html

García, Pérez y Ramos (2010). El docente inclusivo. Tijuana, México: Revista ENFT: Recuperado de https://sites.google.com/site/revistaenft/home/inclusividad

Granada, Correa y Sanhueza (2013).  Actitud de los profesores hacia la educación inclusiva. Universidad Católica del Maule, Chile: Papeles de trabajo - Centro de Estudios Interdisciplinarios en Etnolingüística y Antropología Socio-Cultural. Recuperado de http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1852-45082013000100003

Prioretti (2017). Perfil de un docente inclusivo. Tijuana, México: Inclusión y Calidad Educativa. Recuperado de https://sites.google.com/site/revistaenft/home/inclusividad

 

jueves, 14 de septiembre de 2017

El morfema

Una definición de morfema señala que es la unidad mínima significativa de la primera articulación o división del signo lingüístico, unidad portadora de sentido, por lo cual se opone al fonema, que es la unidad mínima de la segunda articulación (Dubois. Óp. cit.: 433, en otros términos, es una unidad o componente de la palabra que tiene un significado.

Una palabra puede estar constituida generalmente por dos clases de morfemas: un elemento central o nuclear (morfema lexical) al que se le pueden agregar otros elementos que le aporten los accidentes gramaticales o ideas variadas según el tipo de palabra (morfema gramatical, el cual se subclasifica en morfemas flexivos y morfemas derivativos).

Según Pottier, citado por Luis Miranda (óp. cit: 131), los morfemas lexicales, raíces, o lexemas son caracterizados como morfemas pertenecientes a conjuntos ilimitados y abiertos, pues nadie sabe su cantidad y cuáles son en su totalidad, por ejemplo, los morfemas lexicales verbales: cant-; am-; soñ-; tem- ; beb- ;com- ;viv-; part-; mor-. A este repertorio de morfemas, se le puede añadir nuevos elementos con el tiempo cuando se trata de incorporar un nuevo léxico al ya existente de una lengua. Gómez Torrego (2002:16), agrega que este morfema es aquel que soporta el significado central de una palabra y, por consiguiente, es común a otras palabras de su misma familia. Por tal razón, mar es el morfema lexical de maremoto, marino, marinero, marejada, etc. y pan es el morfema lexical de panera, empanada, panadero, panadería, etc. En cambio, los morfemas flexivos o desinenciales son las terminaciones de una palabra que indican los significados gramaticales de género, número, persona, tiempo y modo: bell –a, gat –a (género femenino); pan –es, flor –es (número plural); cant –ó, mur –ió (3era. persona); viv –ió, am –ó (tiempo pretérito indefinido); cant –es, tem –as (modo subjuntivo). Por su parte, los otros morfemas gramaticales, es decir, los morfemas derivativos, son ciertos segmentos que, sin ser desinencias, preceden o siguen a una raíz y carecen de una autonomía fuera de la palabra. Son aquellos que aportan significados muy variados como procedencia, tamaño, desprecio, negación, cualidad, etc. A los que preceden a la raíz se les denomina prefijos, mientras que a los que lo siguen, sufijos.

Los prefijos carecen de autonomía y, al preceder a un morfema lexical (ML), pueden presentarse uno o más simultáneamente:
des HACER
des com PONER

Generalmente, no cambian la categoría de la palabra:
COLOR (sustantivo) bi – COLOR (sustantivo)
FINITO (adjetivo) in – FI NITO (adjetivo)
JUICIO (sustantivo) pre – JUICIO (sustantivo)
MORAL (adjetivo) a – MORAL (adjetivo)

Incluso, un mismo prefijo puede aportar varios significados por ser polisémico:
re- en re – LEER significa “volver a”; en cambio,
re- en re – LIMPIO significa “muy”;

Otros prefijos aportan un valor de intensificador:
archi en archi – MILLONARIO
extra en extra – OFICIAL
re en re – LINDA
súper en super – AMOBLADO

Los sufijos presentan una mayor variedad que los prefijos y pueden ser de varias clases. Entre estas, podemos citar a algunas:

* Los diminutivos suelen expresar valores expresivos de pequeñez, afecto y hasta apelación; por ejemplo, en perrito, abuelita y momentito, respectivamente. En el primero, el morfema derivativo (MD) –ito expresa la idea de que el perro referido es pequeño; en abuelita, en cambio, el -ita no expresa que la abuela es pequeña, sino hay una manifestación afectuosa. Asimismo, en momentito, el -ito no indica que el momento sea pequeño, sino que se espera que el interlocutor no se impaciente.

* Los aumentativos aportan valores de aumento como el MD –ón de portón o el -ota de mesota, por citar algunos. Pero no siempre el –ón mencionado indica valor de aumento, sino de carencia como en pelón (poco pelo).

* Los despectivos manifiestan desprecio como el MD –zuelo de jovenzuelo, -eja de calleja, -astro de poetastro o –ucho de feúcho.

* Los superlativos indican el máximo grado de cualificación como el MD –ísimo de bellísimo o el –érrimo de paupérrimo.

* También hay los de origen y procedencia como el MD –ano de peruano, el –eno de chileno, el –eño de madrileño, el –és de genovés, el –í de marroquí o el – ita de israelita.

* Los de colectividad pueden ser –ada de caballada, -ambre de pelambre, -amen de velamen, -erío de caserío o –ado de profesorado.

* Asimismo hay los que indican profesión como el –ado de secretariado; los de crías de animales como el –ezno de osezno, los de partición como el –avo de doceavo, los de movimiento como el –ismo de romanticismo o el adverbializador –mente de comúnmente.

Según el Esbozo (óp. cit. 165), vale decir que tanto los morfemas flexivos como los derivativos constituyen en el español repertorios reducidos y limitados, sin embargo, los segundos forman series de palabras numéricamente desiguales. Algunos sufijos, por ejemplo como –oso servirán para formar palabras adjetivas: celoso, goloso o temeroso y otro sufijo como –ud, para formar palabras sustantivas: quietud, actitud o aptitud; sin embargo, esto no quita que un mismo sufijo pueda formar adjetivos y sustantivos como –rio en bancario (adjetivo) y presidiario (sustantivo), así como que más de un morfema derivativo se puede asociar a una raíz: ALT –ivo, ALT –ura, ALT –eza.
Hipólito César Vilca Panti

lunes, 27 de julio de 2015

El voki

     El voki es un recurso útil para el docente, no solamente para colocarlo en nuestras páginas a manera de presentador, sino también para otras funciones como recordatorios atractivos para los alumnos a exámenes, trabajos o reuniones. Además, ellos mismos lo pueden utilizar como parte de un proyecto virtual de sus propias páginas, entre otros aspectos.
   Es un servicio en linea que nos permite crear un personaje de diferentes tipos como una avatar (animales, gente común, personas famosas hasta algunas parecidas a nosotros mismos). Le podemos  hacer variaciones como modificarle rasgos del rostro, manera de vestir o fondos y, algo muy interesante, podemos generarle una voz como la que figura entre las opciones o, incluso, la propia voz por medio de una alternativa que permite hablar y guardar el sonido.
    Aquí figura un link donde nos tenemos que registrar primero para luego proceder a crearlo.

domingo, 19 de julio de 2015

Análisis e interpretación del Poema 20 de Pablo Neruda


Este poema muestra el dolor por la pérdida de la amada y la melancolía que se siente al evocarla. Cuando el poeta dice: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche” habla con total propiedad, pues las circunstancias que atraviesa le permiten la plena expresión de sus sentimientos; son una fuente para su escritura.
Escribe: “La noche esta estrellada,/ y tiritan, azules, los astros, a lo lejos” probablemente como una metáfora donde la noche llena de estrellas como la mujer amada está tan lejana que es inalcanzable. Luego, repite que puede escribir los versos más tristes… para enfatizar su tristeza en un marco de melancolía por el amor perdido que quiso; pero que dudosamente le correspondió:
“Yo la quise, y ella a veces también me quiso”.
Lo anterior parece contradictorio cuando dice:
“Ella me quiso, a veces yo también la quería”.
Pero es una forma de manifestar la ambigüedad del sentir amoroso, lo inaccesible y lo inseguro que el amor puede llegar a ser.
Recuerda que en noches como esa, cuando escribe su poema, tuvo a su amada entre sus brazos y la besó una cantidad indeterminada de veces bajo el cielo infinito. Todo era felicidad entre ellos y el amor era vivido en su más alta intensidad; sin embargo, el amor también cumple un ciclo vital, pues nació, se desarrolló y luego murió de alguna manera:
“Pensar que no la tengo, sentir que la he perdido.
Es ese pensamiento en la amada perdida que inspira al poeta y se constituye en su fuente de creación. Luego, la soledad y el silencio: “Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella” permiten que su melancolía sea mayor, más aún cuando “la noche está estrellada”, como en los tiempos que vivía el amor junto a ella; pero que ahora vive en su ausencia.
La distancia vuelve a aparecer en el poema: “A lo lejos alguien canta…” y el alma del poeta no se contenta con haberla perdido; por eso, el dolor de ese amor vivido le produce la inspiración de continuar escribiéndole aunque no esté presente. Pese a ello, desea tenerla cerca y la única manera que encuentra es buscándola a través del recuerdo, manifestado en su poema.
“Como para acercarla, mi mirada la busca”.
Manifiesta que ya no son los mismos, que han cambiado desde la época de su amor pleno, porque todo cambia, más aún si los enamorados dejan de serlo; sin embargo, queda todavía algo de ese amor: el recuerdo de la amada y la reflexión de pensarla en brazos de otra persona que en el momento actual la ame.
Aparece otra aparente contradicción entre estos versos que constituyen pareados distintos:
“Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise”, frente a “Ya no la quiero es cierto, pero tal vez la quiero”.
Estos conducen a pensar en la incertidumbre del amor, en lo voluble que puede llegar a ser, pues el poeta duda: “Tal vez la quiero”. Es que el amor, pese a durar corto tiempo, puede mantenerse en la mente de los exenamorados durante un tiempo prolongado como lo cree el poeta: “Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido”.
Queda finalmente decir que el recuerdo que la amada perdida suscita en la mente del poeta es aquel dolor que le permite escribir.
Hipólito César Vilca Panti

domingo, 20 de julio de 2014

Videojuegos como herramienta educativa



Los videojuegos     

 Los gustos del ser humano cambian con el tiempo. Lo que ayer nos gustó a nosotros, los adultos, cuando fuimos niños, no gustarán necesariamente a los niños de hoy. Igual sucede con el pensamiento o las creencias: cambian con el tiempo porque se logran nuevos descubrimientos o conocimientos y la verdad actual puede ser, sin duda, una gran mentira en el mañana.
    La educación deberá ser consciente de estos cambios y adaptar sus métodos al entorno actual de los niños o adolescentes. Una adecuada educación ya no es más aquella donde la letra con sangre entra, sino aquella donde el docente sea más abierto a nuevas experiencias relacionadas con un medio que está más al alcance de los educandos, esta es la tecnología.
   Uno de estos medios a su alcance son los videojuegos que, como lo indican en el video de youtube, permite desarrollar múltiples habilidades como ser disciplinados y tener automotivación para lograr un objetivo, ser cooperativos o más estratégicos, tener mayor concentración y aprender a aprender continuamente. 
   Los videojuegos, entonces, no son tan dañinos como se suele pensar o la prensa insiste en indicar, más bien, es un espacio que incita a la imaginación y, mediante el juego, a desarrollar muchas habilidades.
   Sucede que los docentes tienen la errónea idea de tomarlo como dañino de manera prejuiciosa, cuando estos deben comprender que los educandos son nativos digitales y estos medios, los videojuegos, en lugar de ser los enemigos, vendrían a ser los aliados si son usados de manera estratégica.
    Si bien es cierto que este recurso tecnológico y otros más como el internet presentan ciertos riesgos, requiere la guía de docentes que los oriente concienzudamente. Debe haber una mayor preparación y adecuación para educar a este tipo de estudiantes que viven en un mundo tecnológico.
Hipólito César Vilca Panti

lunes, 17 de septiembre de 2012

PREGUNTAS DE EXAMEN DE ADMISIÓN UNMSM - LENGUA (2013 - I)

1.       Señale la alternativa que contiene solo palabras graves.
a)      Césped, ínfimo, trauma
b)      Traen, claustro, lápiz
c)       Bíceps, línea, guion
d)      León, solfeo, nunca
e)      Resumen, acuático, ideal

2.       El enunciado “la selección peruana de fútbol no jugó bien, pero hizo dos  buenos goles” constituye una oración compuesta coordinada
a)      disyuntiva.
b)      copulativa.
c)       explicativa.
d)      adversativa.
e)      ilativa.

3.       Señale la alternativa que presenta coma de vocativo.
a)      Después de las ocho, iremos al cine.
b)      Trajo reglas, borradores y lápices.
c)       No olvides mi encargo, nena.
d)      Juana, la de lentes oscuros, es bonita.
e)      Ellos son de Piura; ustedes, de Ica.

4.       Elija la alternativa que denota empleo adecuado de las letras mayúsculas.
a)      Fue un héroe de la batalla de Ayacucho.
b)      Mañana visitaremos la Santa sede.
c)       El Juez dictó una sentencia justa.
d)      Los Arequipeños no apoyarán la protesta.
e)      El lobo engañó a Caperucita roja.

5.       En el enunciado ”la rosa es una flor muy hermosa”, el significado de la palabra rosa con respecto al de flor expresa una relación de
a)      sinonimia.
b)      polisemia.
c)       hiponimia.
d)      antonimia.
e)      homonimia.

6.       En el enunciado “el director de esa academia nos regaló un polo azul”, la palabra subrayada funciona como
a)      objeto directo.
b)      sujeto.
c)       complemento atributo.
d)      objeto indirecto.
e)      complemento circunstancial.

7.       Señale la alternativa que corresponde a una oración compuesta por subordinación de finalidad.
a)      Si no te proteges, te picarán los mosquitos.
b)      Mañana jugaremos fútbol aunque llueva.
c)       Llegó temprano para poder felicitar a Olga.
d)      Cuando den las doce horas, saldremos todos.
e)      Lo pensó tan bien que decidió no apostar.

RESPUESTAS
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domingo, 1 de julio de 2012

La noche boca arriba

Julio Cortázar demuestra en este cuento su gran talento literario. Al final figura un cortometraje alusivo al relato.

La noche boca arriba
A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado adonde iba. El sol se filtraba entre los altos edificios del centro, y él -porque para sí mismo, para ir pensando, no tenía nombre- montó en la máquina saboreando el paseo. La moto ronroneaba entre sus piernas, y un viento fresco le chicoteaba los pantalones.

Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas de la calle Central. Ahora entraba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos. Quizá algo distraído, pero corriendo por la derecha como correspondía, se dejó llevar por la tersura, por la leve crispación de ese día apenas empezado. Tal vez su involuntario relajamiento le impidió prevenir el accidente. Cuando vio que la mujer parada en la esquina se lanzaba a la calzada a pesar de las luces verdes, ya era tarde para las soluciones fáciles. Frenó con el pie y con la mano, desviándose a la izquierda; oyó el grito de la mujer, y junto con el choque perdió la visión. Fue como dormirse de golpe.

Volvió bruscamente del desmayo. Cuatro o cinco hombres jóvenes lo estaban sacando de debajo de la moto. Sentía gusto a sal y sangre, le dolía una rodilla y cuando lo alzaron gritó, porque no podía soportar la presión en el brazo derecho. Voces que no parecían pertenecer a las caras suspendidas sobre él, lo alentaban con bromas y seguridades. Su único alivio fue oír la confirmación de que había estado en su derecho al cruzar la esquina. Preguntó por la mujer, tratando de dominar la náusea que le ganaba la garganta. Mientras lo llevaban boca arriba hasta una farmacia próxima, supo que la causante del accidente no tenía más que rasguños en la piernas. "Usté la agarró apenas, pero el golpe le hizo saltar la máquina de costado..."; Opiniones, recuerdos, despacio, éntrenlo de espaldas, así va bien, y alguien con guardapolvo dándole de beber un trago que lo alivió en la penumbra de una pequeña farmacia de barrio.

La ambulancia policial llegó a los cinco minutos, y lo subieron a una camilla blanda donde pudo tenderse a gusto. Con toda lucidez, pero sabiendo que estaba bajo los efectos de un shock terrible, dio sus señas al policía que lo acompañaba. El brazo casi no le dolía; de una cortadura en la ceja goteaba sangre por toda la cara. Una o dos veces se lamió los labios para beberla. Se sentía bien, era un accidente, mala suerte; unas semanas quieto y nada más. El vigilante le dijo que la motocicleta no parecía muy estropeada. "Natural", dijo él. "Como que me la ligué encima..." Los dos rieron y el vigilante le dio la mano al llegar al hospital y le deseó buena suerte. Ya la náusea volvía poco a poco; mientras lo llevaban en una camilla de ruedas hasta un pabellón del fondo, pasando bajo árboles llenos de pájaros, cerró los ojos y deseó estar dormido o cloroformado. Pero lo tuvieron largo rato en una pieza con olor a hospital, llenando una ficha, quitándole la ropa y vistiéndolo con una camisa grisácea y dura. Le movían cuidadosamente el brazo, sin que le doliera. Las enfermeras bromeaban todo el tiempo, y si no hubiera sido por las contracciones del estómago se habría sentido muy bien, casi contento.

Lo llevaron a la sala de radio, y veinte minutos después, con la placa todavía húmeda puesta sobre el pecho como una lápida negra, pasó a la sala de operaciones. Alguien de blanco, alto y delgado, se le acercó y se puso a mirar la radiografía. Manos de mujer le acomodaban la cabeza, sintió que lo pasaban de una camilla a otra. El hombre de blanco se le acercó otra vez, sonriendo, con algo que le brillaba en la mano derecha. Le palmeó la mejilla e hizo una seña a alguien parado atrás.

Como sueño era curioso porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores. Primero un olor a pantano, ya que a la izquierda de la calzada empezaban las marismas, los tembladerales de donde no volvía nadie. Pero el olor cesó, y en cambio vino una fragancia compuesta y oscura como la noche en que se movía huyendo de los aztecas. Y todo era tan natural, tenía que huir de los aztecas que andaban a caza de hombre, y su única probabilidad era la de esconderse en lo más denso de la selva, cuidando de no apartarse de la estrecha calzada que sólo ellos, los motecas, conocían.

Lo que más lo torturaba era el olor, como si aun en la absoluta aceptación del sueño algo se revelara contra eso que no era habitual, que hasta entonces no había participado del juego. "Huele a guerra", pensó, tocando instintivamente el puñal de piedra atravesado en su ceñidor de lana tejida. Un sonido inesperado lo hizo agacharse y quedar inmóvil, temblando. Tener miedo no era extraño, en sus sueños abundaba el miedo. Esperó, tapado por las ramas de un arbusto y la noche sin estrellas. Muy lejos, probablemente del otro lado del gran lago, debían estar ardiendo fuegos de vivac; un resplandor rojizo teñía esa parte del cielo. El sonido no se repitió. Había sido como una rama quebrada. Tal vez un animal que escapaba como él del olor a guerra. Se enderezó despacio, venteando. No se oía nada, pero el miedo seguía allí como el olor, ese incienso dulzón de la guerra florida. Había que seguir, llegar al corazón de la selva evitando las ciénagas. A tientas, agachándose a cada instante para tocar el suelo más duro de la calzada, dio algunos pasos. Hubiera querido echar a correr, pero los tembladerales palpitaban a su lado. En el sendero en tinieblas, buscó el rumbo. Entonces sintió una bocanada del olor que más temía, y saltó desesperado hacia adelante.

-Se va a caer de la cama -dijo el enfermo de la cama de al lado-. No brinque tanto, amigazo.
Abrió los ojos y era de tarde, con el sol ya bajo en los ventanales de la larga sala. Mientras trataba de sonreír a su vecino, se despegó casi físicamente de la última visión de la pesadilla. El brazo, enyesado, colgaba de un aparato con pesas y poleas. Sintió sed, como si hubiera estado corriendo kilómetros, pero no querían darle mucha agua, apenas para mojarse los labios y hacer un buche. La fiebre lo iba ganando despacio y hubiera podido dormirse otra vez, pero saboreaba el placer de quedarse despierto, entornados los ojos, escuchando el diálogo de los otros enfermos, respondiendo de cuando en cuando a alguna pregunta. Vio llegar un carrito blanco que pusieron al lado de su cama, una enfermera rubia le frotó con alcohol la cara anterior del muslo, y le clavó una gruesa aguja conectada con un tubo que subía hasta un frasco lleno de líquido opalino. Un médico joven vino con un aparato de metal y cuero que le ajustó al brazo sano para verificar alguna cosa. Caía la noche, y la fiebre lo iba arrastrando blandamente a un estado donde las cosas tenían un relieve como de gemelos de teatro, eran reales y dulces y a la vez ligeramente repugnantes; como estar viendo una película aburrida y pensar que sin embargo en la calle es peor; y quedarse.

Vino una taza de maravilloso caldo de oro oliendo a puerro, a apio, a perejil. Un trozito de pan, más precioso que todo un banquete, se fue desmigajando poco a poco. El brazo no le dolía nada y solamente en la ceja, donde lo habían suturado, chirriaba a veces una punzada caliente y rápida. Cuando los ventanales de enfrente viraron a manchas de un azul oscuro, pensó que no iba a ser difícil dormirse. Un poco incómodo, de espaldas, pero al pasarse la lengua por los labios resecos y calientes sintió el sabor del caldo, y suspiró de felicidad, abandonándose.

Primero fue una confusión, un atraer hacia sí todas las sensaciones por un instante embotadas o confundidas. Comprendía que estaba corriendo en plena oscuridad, aunque arriba el cielo cruzado de copas de árboles era menos negro que el resto. "La calzada", pensó. "Me salí de la calzada." Sus pies se hundían en un colchón de hojas y barro, y ya no podía dar un paso sin que las ramas de los arbustos le azotaran el torso y las piernas. Jadeante, sabiéndose acorralado a pesar de la oscuridad y el silencio, se agachó para escuchar. Tal vez la calzada estaba cerca, con la primera luz del día iba a verla otra vez. Nada podía ayudarlo ahora a encontrarla. La mano que sin saberlo él aferraba el mango del puñal, subió como un escorpión de los pantanos hasta su cuello, donde colgaba el amuleto protector. Moviendo apenas los labios musitó la plegaria del maíz que trae las lunas felices, y la súplica a la Muy Alta, a la dispensadora de los bienes motecas. Pero sentía al mismo tiempo que los tobillos se le estaban hundiendo despacio en el barro, y la espera en la oscuridad del chaparral desconocido se le hacía insoportable. La guerra florida había empezado con la luna y llevaba ya tres días y tres noches. Si conseguía refugiarse en lo profundo de la selva, abandonando la calzada más allá de la región de las ciénagas, quizá los guerreros no le siguieran el rastro. Pensó en la cantidad de prisioneros que ya habrían hecho. Pero la cantidad no contaba, sino el tiempo sagrado. La caza continuaría hasta que los sacerdotes dieran la señal del regreso. Todo tenía su número y su fin, y él estaba dentro del tiempo sagrado, del otro lado de los cazadores.

Oyó los gritos y se enderezó de un salto, puñal en mano. Como si el cielo se incendiara en el horizonte, vio antorchas moviéndose entre las ramas, muy cerca. El olor a guerra era insoportable, y cuando el primer enemigo le saltó al cuello casi sintió placer en hundirle la hoja de piedra en pleno pecho. Ya lo rodeaban las luces y los gritos alegres. Alcanzó a cortar el aire una o dos veces, y entonces una soga lo atrapó desde atrás.
-Es la fiebre -dijo el de la cama de al lado-. A mí me pasaba igual cuando me operé del duodeno. Tome agua y va a ver que duerme bien.
Al lado de la noche de donde volvía, la penumbra tibia de la sala le pareció deliciosa. Una lámpara violeta velaba en lo alto de la pared del fondo como un ojo protector. Se oía toser, respirar fuerte, a veces un diálogo en voz baja. Todo era grato y seguro, sin acoso, sin... Pero no quería seguir pensando en la pesadilla. Había tantas cosas en qué entretenerse. Se puso a mirar el yeso del brazo, las poleas que tan cómodamente se lo sostenían en el aire. Le habían puesto una botella de agua mineral en la mesa de noche. Bebió del gollete, golosamente. Distinguía ahora las formas de la sala, las treinta camas, los armarios con vitrinas. Ya no debía tener tanta fiebre, sentía fresca la cara. La ceja le dolía apenas, como un recuerdo. Se vio otra vez saliendo del hotel, sacando la moto. ¿Quién hubiera pensado que la cosa iba a acabar así? Trataba de fijar el momento del accidente, y le dio rabia advertir que había ahí como un hueco, un vacío que no alcanzaba a rellenar. Entre el choque y el momento en que lo habían levantado del suelo, un desmayo o lo que fuera no le dejaba ver nada. Y al mismo tiempo tenía la sensación de que ese hueco, esa nada, había durado una eternidad. No, ni siquiera tiempo, más bien como si en ese hueco él hubiera pasado a través de algo o recorrido distancias inmensas. El choque, el golpe brutal contra el pavimento. De todas maneras al salir del pozo negro había sentido casi un alivio mientras los hombres lo alzaban del suelo. Con el dolor del brazo roto, la sangre de la ceja partida, la contusión en la rodilla; con todo eso, un alivio al volver al día y sentirse sostenido y auxiliado. Y era raro. Le preguntaría alguna vez al médico de la oficina. Ahora volvía a ganarlo el sueño, a tirarlo despacio hacia abajo. La almohada era tan blanda, y en su garganta afiebrada la frescura del agua mineral. Quizá pudiera descansar de veras, sin las malditas pesadillas. La luz violeta de la lámpara en lo alto se iba apagando poco a poco.

Como dormía de espaldas, no lo sorprendió la posición en que volvía a reconocerse, pero en cambio el olor a humedad, a piedra rezumante de filtraciones, le cerró la garganta y lo obligó a comprender. Inútil abrir los ojos y mirar en todas direcciones; lo envolvía una oscuridad absoluta. Quiso enderezarse y sintió las sogas en las muñecas y los tobillos. Estaba estaqueado en el piso, en un suelo de lajas helado y húmedo. El frío le ganaba la espalda desnuda, las piernas. Con el mentón buscó torpemente el contacto con su amuleto, y supo que se lo habían arrancado. Ahora estaba perdido, ninguna plegaria podía salvarlo del final. Lejanamente, como filtrándose entre las piedras del calabozo, oyó los atabales de la fiesta. Lo habían traído al teocalli, estaba en las mazmorras del templo a la espera de su turno.

Oyó gritar, un grito ronco que rebotaba en las paredes. Otro grito, acabando en un quejido. Era él que gritaba en las tinieblas, gritaba porque estaba vivo, todo su cuerpo se defendía con el grito de lo que iba a venir, del final inevitable. Pensó en sus compañeros que llenarían otras mazmorras, y en los que ascendían ya los peldaños del sacrificio. Gritó de nuevo sofocadamente, casi no podía abrir la boca, tenía las mandíbulas agarrotadas y a la vez como si fueran de goma y se abrieran lentamente, con un esfuerzo interminable. El chirriar de los cerrojos lo sacudió como un látigo. Convulso, retorciéndose, luchó por zafarse de las cuerdas que se le hundían en la carne. Su brazo derecho, el más fuerte, tiraba hasta que el dolor se hizo intolerable y hubo que ceder. Vio abrirse la doble puerta, y el olor de las antorchas le llegó antes que la luz. Apenas ceñidos con el taparrabos de la ceremonia, los acólitos de los sacerdotes se le acercaron mirándolo con desprecio. Las luces se reflejaban en los torsos sudados, en el pelo negro lleno de plumas. Cedieron las sogas, y en su lugar lo aferraron manos calientes, duras como el bronce; se sintió alzado, siempre boca arriba, tironeado por los cuatro acólitos que lo llevaban por el pasadizo. Los portadores de antorchas iban adelante, alumbrando vagamente el corredor de paredes mojadas y techo tan bajo que los acólitos debían agachar la cabeza. Ahora lo llevaban, lo llevaban, era el final. Boca arriba, a un metro del techo de roca viva que por momentos se iluminaba con un reflejo de antorcha. Cuando en vez del techo nacieran las estrellas y se alzara ante él la escalinata incendiada de gritos y danzas, sería el fin. El pasadizo no acababa nunca, pero ya iba a acabar, de repente olería el aire libre lleno de estrellas, pero todavía no, andaban llevándolo sin fin en la penumbra roja, tironeándolo brutalmente, y él no quería, pero cómo impedirlo si le habían arrancado el amuleto que era su verdadero corazón, el centro de la vida.

Salió de un brinco a la noche del hospital, al alto cielo raso dulce, a la sombra blanda que lo rodeaba. Pensó que debía haber gritado, pero sus vecinos dormían callados. En la mesa de noche, la botella de agua tenía algo de burbuja, de imagen traslúcida contra la sombra azulada de los ventanales. Jadeó buscando el alivio de los pulmones, el olvido de esas imágenes que seguían pegadas a sus párpados. Cada vez que cerraba los ojos las veía formarse instantáneamente, y se enderezaba aterrado pero gozando a la vez del saber que ahora estaba despierto, que la vigilia lo protegía, que pronto iba a amanecer, con el buen sueño profundo que se tiene a esa hora, sin imágenes, sin nada... Le costaba mantener los ojos abiertos, la modorra era más fuerte que él. Hizo un último esfuerzo, con la mano sana esbozó un gesto hacia la botella de agua; no llegó a tomarla, sus dedos se cerraron en un vacío otra vez negro, y el pasadizo seguía interminable, roca tras roca, con súbitas fulguraciones rojizas, y él boca arriba gimió apagadamente porque el techo iba a acabarse, subía, abriéndose como una boca de sombra, y los acólitos se enderezaban y de la altura una luna menguante le cayó en la cara donde los ojos no querían verla, desesperadamente se cerraban y abrían buscando pasar al otro lado, descubrir de nuevo el cielo raso protector de la sala. Y cada vez que se abrían era la noche y la luna mientras lo subían por la escalinata, ahora con la cabeza colgando hacia abajo, y en lo alto estaban las hogueras, las rojas columnas de rojo perfumado, y de golpe vio la piedra roja, brillante de sangre que chorreaba, y el vaivén de los pies del sacrificado, que arrastraban para tirarlo rodando por las escalinatas del norte. Con una última esperanza apretó los párpados, gimiendo por despertar. Durante un segundo creyó que lo lograría, porque estaba otra vez inmóvil en la cama, a salvo del balanceo cabeza abajo. Pero olía a muerte y cuando abrió los ojos vio la figura ensangrentada del sacrificador que venía hacia él con el cuchillo de piedra en la mano. Alcanzó a cerrar otra vez los párpados, aunque ahora sabía que no iba a despertarse, que estaba despierto, que el sueño maravilloso había sido el otro, absurdo como todos los sueños; un sueño en el que había andado por extrañas avenidas de una ciudad asombrosa, con luces verdes y rojas que ardían sin llama ni humo, con un enorme insecto de metal que zumbaba bajo sus piernas. En la mentira infinita de ese sueño también lo habían alzado del suelo, también alguien se le había acercado con un cuchillo en la mano, a él tendido boca arriba, a él boca arriba con los ojos cerrados entre las hogueras.